lunes, 14 de julio de 2008
Esta colorida aventura de LINO FONTANA es traída hasta ustedes por Pedro J. Hernández, como a eso de las 20:11... bueno, más o menos a ésa hora.

Gracias por haber asistido a la primer temporada de Lino Fontana. Por el momento el Ladrón está librando un proceso penal del cual saldrá eximido (como siempre lo hace, no lo duden).

Mientras tanto agradezco a todos los cómplices que semana a semana me acompañaron en mis golpes criminales. Sólo por ustedes existe Fontana. Y gracias especialmente a La Rota Buvuá por hacer que el Ladrón viva y robe.

GRACIAS A TOD@S

La Segunda Temporada demorará pero no demasiado: Fontana estará devuelta en cuanto libre sus contratiempos. Cuéntenme por el momento cuál fue su capítulo favorito.

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lunes, 9 de junio de 2008
Esta colorida aventura de LINO FONTANA es traída hasta ustedes por Pedro J. Hernández, como a eso de las 16:49... bueno, más o menos a ésa hora.
Cuando comienza un año me pregunto a qué personas nuevas habré de conocer durante su transcurso. Pienso en los mismos periodos de tiempo anteriores y me sorprendo de cuanta gente me encontré en el camino, cuanta se fue y cuanta se quedó comigo. Luego siento una emoción enorme, pues sé que al comienzo del actual ciclo de 365 días muchas personas estarán por allí en el mundo, viviendo sus vidas y esperando la circunstancia y el momento en que nos toparemos en nuestros caminos.

Ahora que estoy a la mitad del ciclo anual, una sorpresiva llegada me hizo despertar del tedio para interrogarme sobre lo inesperada que es la vida.

Fue algo extraño, quizá por eso lo considere inverosímil e indeleble. Sucedió precisamente un día nublado con algo de lluvia, cuando precisamente aprovechaba la permanencia en mi casa para revisar los comentarios de mi Blog.
Antes de proceder a redactar mi última aventura criminal noté algo inusual, pues además de los mensajes que mis amados lectores al blog suelen dejar, recibí un extraño correo electrónico.
Incrédulo comencé a leer el inesperado texto que me enviaron:

Querido Señor Fontana:

"Llevo algunos meses leyendo sus atrevidos lances y me confieso totalmente un admirador suyo. Mucho más que eso, pues en su blog he encontrado una ruta de vida y un ejemplo que sinceramente deseo emular.

Quisiera saber si puedo conocerlo, deseo cumplir el ideal inquietante del lector que conoce al autor de su utopía favorita. Deme la oportunidad de saber quién es aquel que abre una ventana para, desde lejos, dejarnos ver el paisaje de sus desvaríos criminalísticos y su estilizada irrealidad, la que quizá por eso se vuelve paradójicamente más coherente.

Le agradezco de antemano por atenderme, pues créame que infinitamente usted me inspira."

Con todo mi respeto y
completa admiración:
BASILIO.


Después de leer semejante dedicatoria, no pude menos que sentirme conmovido. "Que texto tan atento y amable, qué lástima que este buen lector no haga comentarios más seguidos en mi blog porque tiene muchas cosas bellas qué decir", lamenté después de constatar la sensibilidad de este amigo así que decidí no dejar sus palabras en simples anhelos y le contesté con otro e-mail. Le agradecí allí sus loas y lo convidé a tomar un desayuno en mi cafetería favorita, después de todo me debo a quienes me leen.

Al día siguiente, como habíamos acordado, me reuní con mi obsequioso lector para degustar el desayuno. Fue sorprendente llegar y encontrarme con un veinteañero de cachetes prominentes y unos poco disimulados michelines. Descubrí que como a cualquier otro muchachito le encantaban los cómics y gustaba mucho de leer aventuras, de las cuales mi blog representaba una.
Basilio fue tan agradable como yo esperaba y luego de una mañana de tener tan cordial intercambio nos despedimos con agradecimientos mutuos por la grata charla. Yo regresé a mi casa caminando mientras rezumaba gustosa satisfacción, dado que todos los halagos de aquel chico me habían entusiasmado y ahora no podía sentir otra cosa que gozo profesional.

Era una emoción extraña, pues recuerdo que uno de los halagos más grandes que aquel chico me otorgó fue cuando me confesó: "Yo quiero ser como usted. De verdad es para mí un ejemplo a seguir y quisiera ser su escudero, su cómplice, su comparsa, su compañero de aventuras", a lo cual yo agradecí el gesto pero le aclaré que debo trabajar siempre solo, por ser la única manera en que el concepto de mis robos encuentra su plena exaltación.

Ya en mi casa, me preparaba para hacer otras cosas cuando mi hermana adolescente Karina llegó de la escuela. La noté antes de que entrara porque escuché su voz, pero no fue la única, pues supe que venía acompañada al oír otra voz venir con ella. Caminé hacia la puerta para abrirle y mirar a su acompañante, el cual sorpresivamente resultó ser el mismo Basilio que charlaba con ella.

-Bueno pues también le gusta la música retro, sobre todo los Beatles, Led Zeppelin y todas ésas bandas que escuchan los losers posers que se creen intelectuales. ¡Ah! y nunca digas que Kurt Cobain inventó el Grunge porque se enoja... y cuando se emborracha llora... dormido le salen mocos... tiene un amigo imaginario que se llama Martín... y también...

-¿Karina qué tanto le estás diciendo a Basilio? Y por cierto, ¿Usted me siguió hasta acá Basilio? -yo estaba intrigado por lo misterioso de la escena, incrédulo de ver al muchachito cachetón a las puertas de mi casa y platicando con mi hermana.

-Fontana, este joven te admira mucho -dijo Karina más admirada todavía-. Llevo como media hora contándole todas las tarugadas en las que te gusta malgastar el precioso don de la vida y me pone muchísima atención e inclusive apunta en una libreta todo lo que le digo. ¡Estoy sorprendidísima!

-Señor Fontana, discúlpeme por haberlo seguido hasta su casa pero en verdad quiero que me dé una oportunidad. Estoy tratando de aprender todo sobre sus robos porque en verdad quiero ayudarle en su criminal y artística labor -Basilio me miraba emocionado, pero yo me comportaba como aquel padre que no quiere comprarle a su hijo un juguete caro, malhecho y peligroso.

-No Basilio, no. Ya te dije que trabajo solo, espero que no volvamos a tener esta conversación de nuevo -me negué con malestar por su insistencia.

-Por favor señor Fontana, sé que es difícil que me acepte porque cree que no lo conozco, pero verá que estoy muy al tanto de sus aventuras. Es más, yo puedo ser su compañero, podemos ser una dupla, ¡como los superhéroes!

-Pero muchacho -ya comenzaba yo a fastidiarme-, todos los compañeros de los superhéroes son nefastos. ¿O qué acaso el dudosamente masculino Robin es tan grato para Batman? ¿O Superboy le hace algún favor que valga la pena a Superman? ¿El Gran Gazoo desbancó a Pablo Mármol como mejor amigo de Pedro Picapiedra? Todos ellos eran basura, no me digas que quieres eso para tí. Además mírate, ¿serías capaz de usar mallas y un antifaz?

Traté de terminar rápido la conversación y le pedí a Basilio que se retirara. Aunque al principio me halagó su increíble admiración hacia mí, luego comencé a sentirme incómodo con su acoso. Se estaba convirtiendo en un fan conflictivo con el cual ya me daba un poco miedo encontrarme en la calle.

-Por favor señor Fontana, deme una oportunidad...

Me dijo un día que me lo encontré camino al parque para hacer mis ejercicios, yo corría y grité un sonoro "¡No!", mientras apresuraba la caminata para alejarme de aquel espantajo.

-Le prometo que no se arrepentirá, deme una oportunidad...

Volvió a pedírmelo un día que yo fui a jugar futbol con mis amigos, yo realizaba un saque de banda y él estaba sentado en las gradas lanzándonos porras. Le expliqué de nuevo las razones por las cuales no era una buena idea su petición. El árbitro me sacó una tarjeta amarilla por tardarme en hacer el saque y yo me molesté mucho con aquel insistente muchacho.

-Al principio será difícil acoplarnos, deme una oportunidad...

"¡De ninguna manera, muchacho pedorro!", le grité en medio de un restaurante donde acudí a comer. Él resultó ser el mesero que nos atendería y fue muy irritante tener que dejarle propina después de que a mi platillo le faltaban algunas piezas del pollo que yo había ordenado.

-Podemos hacer la prueba sólo un par de meses, deme una oportunidad...

Es increíble que se haya disfrazado de hipopótamo para pedírmelo de nuevo, más sorprendente fue que los empleados del zoológico no podían distinguir entre el Basilio disfrazado de hipopótamo y los verdaderos animales. Los que por cierto no se le querían acercar porque olía feo. "Jamás de los jamases", fue mi enérgica respuesta.

-Bueno ya, es en serio, ¿me dará una oportunidad o no?

"¡Quítate ésas horribles mallas! La virginidad de mis ojos acaba de ser violada... y no, mi respuesta siempre será ¡NO!", grité con todas mis fuerzas en aquel supermercado al que acudí un domingo, y después de ver que hizo todo el intento por caracterizarse como un clásico compañero de superhéroe. Desgraciadamente las mallas le quedaban tan apretadas y las lonjas se le salían por los costados. La gente que estaba formada en las cajas para pagar de inmediato se comenzó a reír, mofándose por lo que le dije al gordo en mallas fosforescentes. Yo mismo le sonreí a las personas que me celebraban por mi ácida crítica a los firuletes que traía puestos en la cabeza aquel adolescente. Todo era una fiesta hasta que mi necio paladín comenzó a gritar lleno de rabia y coraje.

-Pues ya me tienes harto, payaso presuntuoso que se cree la última pelandusca del lupanar.

"Huuuuuy...", murmuró en coro toda la gente, después volvieron su mirada hacia mí. Yo no supe qué hacer y luego Basilio continuó.

-Yo quise ser tu aliado, pero tú malpreciaste mis ofrecimientos pues eres un engreído, ahora seremos enemigos y más te vale caminar siempre cuidándote las espaldas porque ahora tu némesis tiene nombre. ¡Desde hoy no descansaré hasta destruir a Lino Fontana!

Basilio dio la vuelta y se fue corriendo, yo sólo miraba asombrado cómo un sujeto tan pesado cabalgaba con aquellos firuletes colgados y gemía una risa pretendidamente maligna. "Pues parece que hablaba en serio, si yo fuera usted, le tendría miedo", dijo uno de los impertinentes testigos.
Yo no tenía certeza de cuáles serían las consecuencias, pero estaba seguro que no me gustarían. Bastante problemas tengo siendo un ladrón como para encontrar enemigos en adolescentes enajenados.

Las cosas que a veces uno se encuentra en la vida. No sabía cuándo volvería a ver a Basilio, pero estaba seguro de que no deseaba que fuera pronto. Esperemos...

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lunes, 2 de junio de 2008
Esta colorida aventura de LINO FONTANA es traída hasta ustedes por Pedro J. Hernández, como a eso de las 18:45... bueno, más o menos a ésa hora.
-Me encantan los patos, Fontana. Seguramente en otra vida fui pato y por eso me gustan –dijo mi hermana adolescente Karina, mientras daba de comer unas semillas al mencionado palmípedo.

-No sé lo que fuiste en otra vida, pero en lo que respecta a ésta, me hubiera gustado que fueras un pato. Sería más fácil pagar tu manutención.

-¡Ay eres un payaso!

-Como sea, voy a dar una vuelta y averiguar qué hay detrás de ésos árboles -señalé a Karina la dirección a donde iría y emprendí el paso.

Me di la vuelta y dejé que mi hermana se quedara acariciando a su nuevo amiguito. Aquel día habíamos acudido al parque para pasear y tuvimos la fortuna de encontrar muchos patos en el lago, así que para ella fue un muy divertido paseo. Yo sin embargo no encontraba particular atracción en aquellos pájaros y miraba con más curiosidad los árboles que flanqueaban el lago, pues me preguntaba si más allá existiría algún paisaje nuevo.
Emprendí el paso y caminé hasta ésos matorrales, entre los cuales pude atravesar para llegar al otro extremo donde descubrí un paisaje lleno de luz y verdor. “Bueno, mejor que ésos patos piojosos”, sonreí mientras llenaba mis pulmones de un aire límpido y fresco. Sorpresivamente miré hacia la derecha y descubrí varias bancas rodeando una jardinera enorme, llena de exótica vegetación, así que me acerqué para mirar las curiosas plantas que crecían allí.

“Así que tenemos aquí un curioso espécimen de la mora sudamericana... voy a robarlas todas.”, pensé mientras tomaba rápidamente cada uno de los vistosos frutos de aquella planta tan colorida. Estaba tan enajenado en cometer semejante tarea, que no reparé en la presencia de una persona sentada en una de las bancas que rodeaban la jardinera. Era una chica ataviada con un vestido blanco, muy elegante y que evidenciaba una alcurnia bastante altiva. Cuando la noté detuve mi acción y nervioso traté de disimular mi robo, intentando aparentar serenidad y normalidad. Ella se encontraba leyendo apasionadamente un libro y de ninguna manera reparó en mi presencia allí.
No supe qué hacer y mi primera reacción fue quedarme congelado, como cualquier ladrón que se siente acorralado y sorprendido, aunque luego me percaté de que mi presencia no la inmutaba pues parecía muy abstraída en su libro.

Respiré hondo y miré mi camisa, pues enrollada en la parte de abajo guardaba los pequeños frutos a modo de improvisada bolsa. Como el robo de las moras fue una súbita idea, no encontré otro método para recolectar los frutos mas que simulando una “bolsa de canguro” con mis ropas.
Di unos pasos hacia atrás y lentamente tomé asiento en la banca que estaba enseguida a un lado de ella. Me rasqué un poco el mentón y traté de mirarla de reojo para estudiarla; se trataba de una señorita de muy hermosas facciones, con un cuerpo elegantemente adornado por su vestido y un peinado cuidadosamente preparado (quizá durante horas) para organizar su gran volumen de cabello y sostenerlo con un bellísimo broche de plata. Esto último llamaba mucho la atención, pues su peinado predominaba en toda su efigie por lo vasto y sedoso de la cabellera.

“Qué mujer tan hermosa y qué peinado tan quisquillosamente acicalado…”, medité sorprendido y alucinando ante aquel broche de plata. ”Me pregunto cómo se verá sin aquel broche”, pues acaso todo su peinado e inclusive su caprichosa imagen tan elegante se formaban teniendo a ése broche como armonizador preciso y perfecto. Mientras mis pensamientos trataban de descifrar el secreto de tan impresionante pulcritud, crucé mis brazos para hacer mis circunspecciones, lo cual causó que soltara mi camisa y todas las moras cayeran al piso.
Me asusté y me sentí evidenciado, como un estudiante causando un ruido accidental en alguna silenciosa biblioteca. Yo tuve pánico ante aquella atolondrada pifia y luego voltee hacia donde estaba la chica, ya que ella no pareció mover ni un solo músculo de su cara. Pero aquella aparente rigidez no fue tal, pues por un breve instante movió sus ojos dirigiéndolos hacia las moras caídas en el piso y después volvió rápidamente a su lectura sin distraerse más de tres segundos.

Me avergoncé sonrojándome, sacudí un poco mi ropa ensuciada por las moras y respiré para reponerme de la pena. ”Qué bochornosa torpeza frente a ésta bella mujer”, y cubrí mi cara avergonzado.
Oculté mi rostro por unos momentos y enseguida recorrí mis dedos para dejar libre uno de mis ojos, pudiendo mirar a la señorita de vestido blanco con una brevísima sonrisa en la boca y dedicándome otra no menos breve mirada, que de inmediato volvió a su ostentado libro. “Con que se está burlando de mí, ¿eh?”, me molesté por su arrogante gesto de sorna y me descubrí totalmente la cara para mirarla, ella reparó en mis movimientos observándome durante dos breves y fugaces segundos, para luego volver a su gesto adusto y soberbio del principio. Así pretendía actuar, simulando indiferencia, lejanía y una impostada imperturbabilidad.

”De mí nadie se burla… por lo menos no frente a mí”. Me paré sugiriendo con mis movimientos de cabeza que pensaba marcharme, aunque no pensaba hacerlo. De reojo observé su reacción, creyendo verla exhalar un poco de aire mientras levantaba una ceja, y ligeramente movía la comisura de su boca para dibujar una irónica sonrisa de despedida. Aunque nunca movió sus pupilas del libro, era más que evidente que mi partida le complacía.

Me quedé parado e inmóvil, no pude decidir lo que haría pues tenía un impulso muy grande por hacerme de aquel hermoso broche de plata. Sin embargo, no podía pensar la manera de obtenerlo sin que ella se diera cuenta, era imposible acercarse detrás suyo evitando que lo notara. ”Quiero ese broche, no puedo dejar que se burle de mí y no pague las consecuencias, además ése adorno de plata se ve de muy buen valor…”, medité elucubrando la manera de robarle su brillante accesorio.

Como ya lo sabrán, nunca he trabajado muy bien bajo presión, así que cuando ella ligeramente dirigió sus ojos a mis nerviosos movimientos de manos, me entró un pánico escénico que me hizo tomar la decisión más inesperada y torpe del mundo.

Me acerqué despacio pero sin detener mis pasos, ella por supuesto que suspendió su lectura y se me quedó mirando como si esperara de mí alguna pregunta. Al observar que invadiría su espacio físico se retrajo abriendo grandemente los ojos e intentó esconderse detrás del libro, yo estiré después mis brazos atolondradamente. Ella gritó como una niña que está a punto de ser mordida por un perro y clavó sobre mí una mirada asqueada y alarmada, pues entre su cuerpo y el mío ya casi sólo nos separaba la ropa… luego todo fue muy lento y muy extraño… yo estiré mi mano, tomé el broche y suavemente lo deslicé de su pelo retirándolo enseguida, y dando inmediatamente algunos pasos hacia atrás. La chica del vestido blanco temblaba y miró mi mano sosteniendo el broche de plata. Al darse cuenta que lo había sustraído miró su propio cabello como si observara su propia desnudez, el viento lo movía como una bandera ondulándose orgullosamente en el aire, después volvió de nuevo a mirarme tratando de descifrar mi rostro.

Supongo que le sorprendió mi gesto, pues yo no podía retirar mi vista de aquel hermoso pelo ondeando tan elegantemente. Volví mis ojos a los suyos y ella comprendió la fascinación que yo tenía en mi cara, se sonrojó un poco pero de inmediato recuperó la elegancia altiva que había tenido unos momentos antes; entonces comprendió la expresión de mi faz pues levantó su mano y con una delicia suave y acompasada, metió sus dedos entre los cabellos que nacían cerca de su sien. Allí comenzó a deslizar con exquisitez su mano expandiendo aún más su cabello alborotado por el viento, yo sentí una excitación inusual, como si aquella bella chica me respirara cerca del oído. Ya sabía que era intencional aquel gesto suyo, me lo transmitió sin lugar a dudas.
Creo que me perdonó haberle quitado su broche, quizá porque aquel día comprobó en la expresión mía que sus cabellos sueltos y alborotados por el viento eran tanto o más hermosos que sus exagerados y elevados peinados. Para una mujer, descubrir una nueva manera de expresar su propia belleza es como la revelación de una epifanía. Y debido a mi atolondrado gesto, aquella señorita la había tenido.
Tal vez por eso tomó mi mano, cerró mis dedos alrededor del broche y la empujó hacía mí. Luego se volvió a acariciar el pelo mientras miraba mis ojos y tomando su libro se retiró calmadamente, sonriéndome maliciosamente, dando la vuelta y marchándose.

Nunca olvidaré su último gesto, pues sin decir una sola palabra creo que me dio las gracias. Ni aunque lo hubiera planeado me hubiera salido así.

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lunes, 19 de mayo de 2008
Esta colorida aventura de LINO FONTANA es traída hasta ustedes por Pedro J. Hernández, como a eso de las 7:21... bueno, más o menos a ésa hora.


"Your own personal Jesus,
someone to hear your prayers
someone who cares"

-Depeche Mode


-No puedo creer que todo esté carísimo, los dueños de los supermercados abusan. ¿Quiénes piensan que somos para que nos vendan las cosas a ésos precios? Yo soy un ladrón, ¡pero no de cuello blanco! No gano tanto dinero con mis robos como lo hacen los empresarios chinos.

-Ya Fontana ¡callate, que me hartas! Llevas todo el camino quejándote de los precios altos -refunfuñó mi hermana Karina-. La próxima vez yo iré sola a comprar la despensa.

-¡Peor cosa Karina!, llenaríamos la despensa de monos de peluche y cuadernos brillosos de color rosa. Nunca te dejaré ir sola a gastar el dinero.

Mi hermana y yo habíamos asistido como cada quincena a comprar los víveres para nuestro pequeño almacén. Los precios estaban cada vez más caros por culpa de la gasolina que se necesita para los transportes. Con semejante crisis en los precios de la comida, decidí racionar todo para que nos alcanzara el gasto. Obviamente era una idea que a mi hermana no le gustaba, pero no había otra manera.
Cuando llegamos a casa, nos pusimos a acomodar todos los víveres en la despensa y seguimos platicando acerca de lo onerosa que era la vida en la ciudad.

-Todo es tan costoso que no me explico como hay gente que puede sobrevivir con tan poco dinero y manteniendo a una familia entera. Es más, quisiera saber cómo le hacen los pordioseros para vivir tantos años y sin gastar un solo peso -exclamó con fastidio mi hermana, mientras revisaba la fecha de caducidad de una lata de champiñones.

-Sí, yo también quisiera saber cómo hacen los pordioseros para vivir tan alegremente y... ¡Ah!... espera un momento Karina... ¿Pero cómo es que no se me había ocurrido? ¿Por qué no me convierto en pordiosero un tiempo y averiguo cómo le hacen para vivir tanto con tan poco? ¡Es una idea excelente! -grité con una emoción tal, que me hizo soltar los pepinos que tenía en la mano.

-¡Espera sinvergüenza! ¿A donde vas? ¡Todavía no terminamos de acomodar las latas y las cajas!

-No puedo esperar Karina, voy a ir a poner en marcha mi plan de convertirme en pordiosero. Si tengo éxito ya no volveremos a pagar ésos precios injustos, ¡volveré pronto!

-¡Flojo! Sabía que inventarías algo para escabullirte del trabajo...!

Ignoré la actitud negativa de mi hermana y corrí a cambiarme de ropa. Me puse las garras y tripas de ropa más desgastadas que encontré y salí a la calle totalmente disfrazado de vagabundo. Mi atuendo era tan fenomenal y convincente que no tardé mucho en recibir algunas monedas de extraños piadosos. "Entonces así es como funciona esto, ¿cierto? La gente les da dinero a los vagos, y todo lo logran sin mover un solo dedo trabajando. ¡Esta vida me va a gustar!", reflexioné con una sonrisa en la boca. Por fin había encontrado una vida rastrera, fácil y cómoda que se adaptaba a mis necesidades ocioso-delictivas. "Voy a buscar pordioseros profesionales y me les uniré para aprenderles todos sus trucos", y corrí en dirección al viejo puente, aquel donde siempre había mirado algunos malvivientes y vagos habitando debajo.

Al llegar me deslicé a la parte inferior y lentamente me acerqué a los sujetos que yacían cómodamente bajo ése callejero resguardo. Encontré a varios platicando y jugando con unas piedras mugrosas, otros más oliendo bolsas de basura y sólo algunos dormidos. Luego de algunos escarceos, parecieron aceptarme en su círculo de desdichados, pues dejaron de tenerme aversión y aceptaron intercambiar palabras conmigo.

-¿Y usted de donde viene, señor Fontana? -me preguntó uno de ellos.

-Ah pues eh... digamos que... era yo un ladrón caído en desgracia, ¿y ustedes?

-Yo nada, siempre he sido esto -dijo un primero.

-Yo vengo de un pueblo lejos. Me vine a buscar trabajo pero nunca encontré -mencionó un segundo más, con un fuerte dejo de tristeza.

-Yo era ingeniero civil, tenía una familia y una esposa, hasta que me hartaron y los abandoné -a éste último lo reconocí, pues en medio de sus andrajos y de una toalla percudida que le tapaba la cara y le cubría del sol, creí ver al mismísimo Walter. Sí, aquel vagabundo que siempre husmeaba en mi basura.

-Walter, ¿es usted? -pregunté mientras lo tomaba del brazo para apartarlo del grupo y poder indagarle en privado -¿Qué hace aquí? ¿Que no se supone que usted había dejado su vida de vagabundo para regresar con su familia? Yo mismo lo llevé a su casa y lo dejé en la sala con su esposa. ¿Qué sucedió?

-Fontana pero ¿qué no recuerda a mi esposa? No duré más que una sola semana aguantando el mal humor de ésa vieja gruñona. He regresado a mi vida de vagabundo porque la creo más saludable.

-Ni hablar, ciertamente tiene usted razón -dije yo después de un momento, pues recordé con claridad a su malhumorada esposa y su inaccesible carácter.

Luego por un costado e inusitadamente, todos los vagabundos se empezaron a arremolinar alrededor de un tipo que venía a paso lento y levantando los brazos. Acto seguido, Walter me empujó para que saliéramos a su encuentro.

-Vamos Fontana, ven a conocer al "Rabí" -me dijo con entusiasmo.

-¿El Rabí? -pregunté desorientado y con desasosiego.

Nos acercamos, y fisgoneando entre las cabezas de los desventurados pudimos entrever a un sujeto de largos cabellos y ropas que alguna vez fueron blancas (aunque ahora estaban grises y percudidas), con una barba tupida y de aproximadamente unos 33 años. Hablaba con un tono solemne pero inspirado, mientras todos los vagos se arremolinaban para hacerle preguntas. "Rabí, hoy me levanté y no pude ver nada, estoy ciego", gimió un sujeto que se acercó a tocarle el manto. Luego nuestro extraño profeta le escupió en los ojos y se los talló, mientras decía: "Vos no estáis ciego, es sólo que tenéis mugre en la mirada y en el alma". De inmediato, el ciego se limpió la saliva del profeta y entonces exclamó "¡puedo ver, puedo ver!".

-Esto es un fraude -le dije yo a Walter en voz baja- este sujeto se quiere pasar por Mesías.

"En verdad os digo: que no veáis la mugre en el ojo ajeno, sin antes ver la propia en vuestros ombligos", declaró en voz alta, mientras los vagabundos exclamaban en coro "¡oooh!".

-Si se mueve como fraude, habla como fraude y se peina como fraude, entonces es un fraude -me referí explicándole a Walter, a quien busqué con la mirada pensando que estaba cerca de mí, pero no era así. Al volver la vista hacia el supuesto profeta, miré a mi infausto amigo acercándosele para pedirle sus fraudulentos favores.

"Rabí, los demonios me persiguen y quieren poseerme y destruirme", se quejó mi compañero Walter con un tono de súplica en sus palabras y mirando al Rabí implorando su acción milagrosa. "Debe estar hablando de su familia y su esposa", supuse yo con fastidio.

-He perdido toda mi vida tratando de huir del infierno en que me quieren condenar ésos seres demoníacos...

"Sí, está hablando de ellos", comprobé por su declaración.

-Sálvame Rabí, haz que mis demonios se vayan a ésa jauría de perros salvajes que están allá -suplicó Walter juntando las manos y mirando al agorero profeta. Éste consintió con la cabeza y luego dijo, "Walter, tu fe te ha salvado, hágase según has dicho", de inmediato tocó la cabeza de mi amigo e hizo una mímica que hacía suponer que sacaba los demonios del poseído y los arrojaba a los perros callejeros, quienes tranquila y felizmente tomaban el sol y se rascaban las pulgas, cosa que no dejaron de hacer con invariable alegría en ningún momento. "Voy a desenmascarar a éste sujeto", decidí luego de ver tan barata demostración de supuesto poder sobrenatural.

Luego de algunas alabanzas y muestras de pleitesía, toda la caterva se congregó debajo del puente y sacaron de su escondite dos pedazos de pan rancio que se dispusieron a compartir con el Rabí. Éste los tomó y los bendijo, luego observó a todos los que le rodeaban y declaró: "No alcanzarán éstas dos piezas de pan para toda esta gente, veamos... somos 12 personas... 2x6= 12... lo que nos da por resultado que… ¡Ya lo tengo! corten en seis pedazos cada pan y repártanlos..."
Walter abrió los ojos como si hubiera tenido una epifanía y exclamó: "¡Aaah!, ¿pero qué ha pasado? ¿Lo han visto? ¡Multiplicó los panes!".

"Está bien, ya fue suficiente", renegué para mis adentros pues no estaba dispuesto a seguir atestiguando tamaña quimera. El supuesto Rabí hacía ademanes cada vez más teatrales y les hablaba con un tono de voz tan empalagoso y aletargante que resultaba toda una tortura seguir su discurso.
Tenía qué actuar, y fue entonces cuando el mismo profeta me facilitó el camino después de hacer la siguiente declaración: "Pronto tendré que irme a un lugar al cual no podrán acompañarme... no, no se espanten, pero en verdad os digo que uno de ustedes habrá de traicionarme".

-Parece ser que usted tiene muchos enemigos Rabí -exclamé con sorna y sarcasmo-, ¿por qué no nos dice su nombre? Así sabríamos cómo llamar a nuestro profeta cuando ya no esté con nosotros -pregunté con suspicacia capciosa.

-Hermano Fontana, vuestra pregunta revela la propia falta de fe. La duda ofende, pues yo Soy el que Soy... Yo soy “El Nazareno”.

-¡Mientes, mientes! -grite levantándome del piso -eres un fraude, tú no eres El Nazareno porque no has hecho ningún milagro; tú no eres El Nazareno porque no puedes expulsar a los demonios; y por último, ¡tú no eres El Nazareno porque sencillamente eres un mentiroso!

-Lo ves, me negaste tres veces. Eso ya me lo habían hecho antes.

"Con este sujeto no se puede", refunfuñé exacerbado mientras me levantaba del piso y salía caminando de allí. Tengo cosas más importantes de qué preocuparme como para no regalarle el tiempo a éste mesías fraudulento.
Como ya era de noche, decidí regresar a casa para dormir. Sin embargo tenía un poco de hambre, pues el pan que el Rabí nos dio estaba rancio y no me apeteció comerlo, por lo que acudí al minisuper a comprar algo.

Tomé una café y un hot-dog de plástico, y cuando me acerqué a la caja a pagar encontré un peculiar anuncio que llamó mi atención.

-¿Quién es ése sujeto del anuncio de "Se Busca"? -le pregunté al gerente -Creo que lo conozco.

-Pues si lo conoce ya se ganó una pequeña recompensa, es un delincuente buscado por los alrededores. Lo denunciamos a la policía y ellos están investigando su paradero. Nuestro minisuper fue víctima de uno de sus fraudes y nosotros mismos ofrecemos una recompensa a quien lo encuentre o dé informes que permitan atraparlo -mientras me explicaba, señalaba el cartel donde estaba la foto del sujeto, cuyos alias eran "J.C.", "El Rabí", "Maestro" y también El Nazareno. Evidentemente se trataba del profeta engatusador que había yo conocido horas antes.

Sonreí con fariseísmo y le comenté al cajero acerca de mi hallazgo. Le dije que yo podría conducirlo hasta el mesías prófugo y comenzamos a ponernos de acuerdo sobre el proceso que seguiríamos, de tal manera que él llamó a la policía para que una patrulla nos acompañara en su detención.
Mientras, le pedí que me pusiera al tanto de éste timador y del crimen que se le imputaba, pues como buen ladrón que soy, me puse a criticar la labor profesional de éste colega.

-Pues fue un fraude -comenzó el gerente -, nos vendió botellas de licor supuestamente importado, pero resultó que sólo estaban rellenas con agua.

-No me lo diga: intentó convertir el agua en vino.

-Algo así.

-Debí suponer que se trataría de una cosa tal... -mencioné levantando los ojos hacia arriba, luego proseguí- Y dígame, ¿cuál es la recompensa que me darán por entregarlo?

-30 onzas de oro.

-No...

-Sí.

-¡Pero qué pinches coincidencias! ¡Carajo!

Llegó la policía y acudimos todos al viejo puente. A lo lejos vimos al grupo de vagos alrededor de una fogata platicando y ensalzando a El Nazareno. Tomamos todas las precauciones correspondientes y convenimos en una señal para yo poder indicar quién era el defraudador buscado.

-De ninguna manera pienso darle un beso en la mejilla, ¡desde ahora olvídenlo! -grité con irritación a los policías, quienes ante mi molestia accedieron a sólo esperar que indicara quién era J.C. mediante un saludo de manos.

Se hizo tal como yo había dicho y me apresuré a bajar hasta la parte inferior del puente para señalar al profeta. Luego de nuestro delator saludo de manos, los policías bajaron y se llevaron a nuestro mesías apócrifo. Lo tomaron, caminaron hasta la patrulla y sin más se lo llevaron, luego el gerente del minisuper me dijo el día en que podía pasar a cobrar mis 30 dólares y allí acabó toda la escena.

Con semejante final y la promesa de mi esperada recompensa, volví hacia atrás y me encontré con aquellos discípulos abandonados que tristes miraban el piso. "¿Qué pasa muchachos, por qué tan tristes?", pregunté ante lo evidente. "Se llevaron al Maestro…", me contestaron con genuino pesar, luego Walter sólo pudo agregar: "Apenas que me acababa de nombrar ministro y piedra angular de su movimiento".

-Bueno Walter, así es la vida. Qué le vamos a hacer -comenté campantemente. En seguida todos los apesadumbrados apóstoles se me quedaron viendo con molestia. Con tan sutil muestra de aversión, lo mejor fue disponerme a huir de allí.

Llegué a mi casa dispuesto a olvidarme de mi cansado plan de volverme vagabundo y sólo con la idea de presentarme posteriormente a recibir mi recompensa. Tomé un breve refrigerio y me fui a dormir, entre las reclamaciones de mi hermana por no haberle ayudado a acomodar la despensa.
En el día siguiente, seguí con mis rutinas cotidianas pero por alguna extraña razón me sentía observado. Quizá todo fuera puro delirio, mas sin embargo cada vez que salía a la calle volteaba hacia atrás creyendo percibir una presencia extraña.

Seguí creyendo que mi cabeza me jugaba ésas bromas, hasta que se presentó el momento en que me entrevisté con el gerente del minisuper. Me hizo el pago puntual como acordamos de mi recompensa y caminé a casa feliz de tener aquella pequeña fortuna, mientras pensaba cómo la gastaría.
Sin embargo, durante aquella ruta comprendí que no era mi imaginación la que me perseguía, sino una amenaza real y verdadera.

En una esquina por la cual viré para tomar una calle estrecha, creí ver atrás mío una cara conocida. Detuve un momento mis pasos y regresé para mirar por la calle que había dejado, confirmando mi sospecha. Se trataba de uno de los vagabundos, discípulos del "Maestro", quien trató de esconderse de mi mirada sin conseguirlo. Eso no fué lo que más me espantó, sino que en sus manos sostenía una soga gruesa, como la que se usa para amarrar caballos o... ¡ahorcar gente!

"¡Me quieren joder!", pensé alarmado mientras emprendía la huída, corrí con mucha fuerza y miré hacia atrás, percatándome de que no era un solo vago, sino una buena parte del grupo de aquellos discípulos que tenía el pretendido profeta, queriendo liquidarme por delatar a su patrono y mandarlo tras las rejas.
Entré corriendo a la casa y mi hermana sólo observó cómo tropezaba las escaleras y subía torpemente a mi habitación.

Recuerdo que ésa noche no pude dormir adecuadamente, cualquier ruido en la azotea me despertaba y hasta los ronquidos de mi hermana me causaban inquietud. No fue el mejor descanso que pude tener, y se notó al día siguiente, pues nada pude hacer debido a que pasé gran parte del tiempo dormido, reponiendo el sueño que la noche anterior no disfruté.
Volvió a anochecer y amanecer, y ésta vez desperté con un ánimo excelente, pues hasta tuve la sensación de que todo lo anterior sólo habían sido pesadillas. De inmediato bajé a la cocina a desayunar, con un ánimo muy repuesto y exhibiendo mi singular alegría mañanera.
Desayunábamos mi hermana y yo, cuando de repente unos toquidos en la puerta me espantaron de nuevo. Karina fue corriendo a abrir mientras yo le pedía que verificara la identidad del que tocaba, a lo que ella contestó gritando: "¡Es Walter!", procediendo de inmediato a abrirle la puerta. Yo corrí hacia la entrada incrédulo.

-Walter, ¿qué hace usted aquí? -pregunté con desazón.

-Fontana, no se ponga nervioso. Vengo como su amigo.

-No me diga, Walter. Viene a matarme como lo quieren hacer sus correligionarios...

-Claro que no Fontana, yo a usted lo estimo mucho. Lo sabe bien... vea que hasta le he traído un regalo.

-Walter qué detalle el suyo, ¿pero qué trae en ésa caja?

-Pues es su regalo, mi amigo Fontana. Ábralo y averígüelo usted mismo.

-Gracias Walter qué amable es usted, a ver... veamos... ¡Ah que bien! ¡Qué bonitas corbatas, es un detallazo de su parte!

-No hay nada qué agradecer, Fontana... ¿Le ayudo a ponérselas?

-Sí, ayúdeme… ¡Hey! Un momento... ¡No!... No quiero nada que tenga que ponerme en el cuello, ¡Nada...! ¡Nothing! No me toque el cuello, ¡no me lo toque! -grité con desesperación.

-¡Demonios! Les dije a los muchachos que esto no funcionaría, debí traer la cuerda...

-¡Walter! ¿Me quiere usted matar? Pero ¿por qué?

-No… bueno sí… es decir no, claro que no… tiene usted razón Fontana, hemos llevado esto demasiado lejos. Es sólo que nos sentimos muy tristes desde que nuestro Maestro se fue.

-Bueno Walter, yo sólo vi mi ventaja y la aproveché… pero creo que también yo exageré… mire buen amigo, qué le parece si hacemos un trato, yo les haré un favor a ustedes y con eso estamos a mano. Vayamos al ministerio público ahora…

Finalmente no podía quedarme mal con Walter, así que fuimos con la policía y yo mismo pagué la multa para que dejaran libre al Maestro, pagando con el mismo dinero que obtuve de las 30 onzas de oro.
Lo llevamos al viejo puente y todos aquellos discípulos desdichados volvieron a tener un brillo en sus ojos cuando vieron a su profeta volver. “El Rabí ha regresado, ha regresado!”, gritaban y festejaban entusiasmados. Mucho más razón tenían para estar felices cuando constataron que el El Nazareno salió libre al tercer día, según las escrituras… las escrituras que dejó en el baño, porsupuesto, donde se puso a fantasear y escribió una odisea igualita a la que acabábamos de vivir.

Todos quedaron contentos y el Maestro se fue a un viaje al cual, según dijo, no podía llevar a sus discípulos puesto que debía ir solo, pues ascendería a los cielos y estaría sentado a la derecha del padre. Meses después supimos que se había unido al Cártel de Sinaloa y era la mano derecha del Gran Padrone de Sinaloa. Sin embargo, antes de irse nombró a Walter ministro de sus tierras (¿cuáles?) y le dio las llaves de su reino… el cual dijo que no era de este mundo, y por eso finalmente no le dio nada. Sin embargo, el gran carisma y personalidad del Maestro nunca fueron olvidados.

Desde entonces, soy un creyente y fiel devoto de Jesuschrist*

¡Aleluya!



Dedicado para La Rotita, la fan número uno del ladrón y su principal promotora: MIL GRACIAS.
(ya no tes tite...)

:)

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martes, 6 de mayo de 2008
Esta colorida aventura de LINO FONTANA es traída hasta ustedes por Pedro J. Hernández, como a eso de las 22:37... bueno, más o menos a ésa hora.
Robos, persecuciones, vida de pendencia... los embrollos de una ruta criminal requieren plena concentración pero también algunos ratos de alegría, convivencia, sano placer y relajación. Y qué mejor alegría, relajación y placer que pasar la tarde entera en casa de mi novia Dalia.

Estábamos acostados, yo jugaba con su cabello mientras ella mantenía su cabeza sobre mi hombro. Me tomó del brazo y cerró los ojos, suspiró mientras la cada vez más débil luz del sol se desvanecía en el recuadro de la ventana, cubierta por cortinas naranjas que aminoraban más aún el paso de luz.
La tarde había estado fantástica y sólo reposábamos sobre la cama disfrutando las reminiscencias de nuestro encuentro. Había sido un satisfactorio intercambio, pues en mis labios aún saboreaba la escencia de su linda piel, hacía no mucho que el embeleso sensual dio lugar a la parsimonia espiritual que poco a poco fue amainando hasta llegar a este momento de sublime y magra compañía sensorial.

Todo magnífico hasta el momento. Todo quieto hasta que mi celular repicó y tuve que ir a ver, se trataba de un mensaje de mi entrañable amigo Nachito, que decía así:

"Fontana ven al
centro comercial.
Es urgente para lo
de un nuevo robo,
no tardes."


"Me lleva el diablo, ¿y ahora qué voy a hacer?", la tentación de ir a robar era grande y poderosa. Si no iba me lo perdería, si me quedaba la pasaría bien pero... ¡Toda la semana estuve viendo a Dalia! Supongo que tal vez no le moleste si me ausento el resto de la velada explicándoselo ingeniosamente.
"Quizás si invento algo brillante me pueda ir, a fin de cuentas lo más intenso de nuestro día ya sucedió... haré un movimiento inteligente y cuidadoso y me podré ir sin que se sienta molesta", maquiavelé dentro de mi cabeza mientras ella me veía parado con mi celular en la mano.

-¿Pasa algo corazón?

-¿Qué? Ah, no mi amorcito lo que pasa es que... -tomé unos segundos para pensar en lo que iba a decir, estaba planeando una excusa perfecta y original, por lo que no debía fallar- pues lo que pasa es que ¿recuerdas a mi amigo Nachito?, pobre chico, ¿qué crees que pasó? ¡Su abuela se murió!

-¡Válgame Dios! Pobre Nachito, ¿y cómo está él?

-Pues consternado, ya sabes. Me acaba de mandar un mensaje para que vaya a ayudarle con las exequias de su abuelita, pobre Nachito qué tristeza me da. Pero pues estaba pensando si eso no te molestaría...

-Ay pero claro que no, nene. ¡Ve que tu amigo te necesita!

-¡Gracias! Yo sabía que comprenderías, eres un amor, preciosura.

-Sí querido, ¿pero a dónde vas? Ponte algo de ropa primero, ¿no pensarás salir así a la calle?

-¡Aaah! jejeje tienes razón es que estoy nervioso... digo, ¡nervioso por lo que le ocurrió a la abuela de Nachito! Si jeje, por eso mismo, no creas que por otra cosa.

Todo se solucionó sin contratiempos ni sobresaltos. Había logrado dejar a Dalia sin que se molestara y ahora podría lograr mi cometido de ir con Nachito a lograr ése robo del que me habló en el mensaje de celular. Me daba un poco de culpa haberle mentido a mi novia, pero supuse que sería muy penoso y particularmente desagradable contarle mi verdadera intención, por lo que no encontré otro proceder.

Al llegar al centro comercial busqué a Nachito por todas partes, y después de perderme por los rincones de los muchos pasillos del lugar, por fin lo miré y me reuní con él. Habría venta nocturna en la plaza y de cuando en cuando pasaban algunas personas por el pasillo donde él se encontraba.

-¿Y bien Nachito? Espero que sea algo importante, porque habrás de saber que estaba con Dalia y...

-Fontana, por fin haremos uno de nuestros sueños realidad, ¡mira para allá!

-No entiendo, ¿qué se supone que debo ver?

-Eso que está allí Fontana, ¿lo ves? ¡Hoy tendremos la oportunidad de robarlo!

-¿Una máquina Caza Muñecos? ¿Ése es el gran robo? Nachito ustéd nunca cambia, ¿cómo se le ocurre hacerme dejar a mi novia para venir hasta acá a robar una máquina Caza Monos?

-Vamos Fontana, siempre quisiste hacerlo. Recuerda cómo antes le echabas monedas y te enojabas porque nunca pudiste sacar a la Rana René. O la vez que estuviste a 2 centímetros de sacar a Elmo.

Nachito me convenció, ésa maldita máquina es un timo. Se roba el dinero de la gente y por más monedas que le pongas nunca puedes sacar al maldito muñeco. "Esto va por la Rana René, por Elmo y por Topo Gigio", me dije resuelto y asintiendo con la cabeza, para indicarle a Nachito que le ayudaría a robar ése aparato del demonio. "No volverás a comerte el dinero y los sueños de tanta gente, ¡te llegó la hora máquina perversa!", sonreí y pusimos manos a la obra.

Fui a mi casa, la cual no estaba muy lejos, y traje mi camioneta para realizar el robo. Al llegar encontré a Nachito jugando en la máquina. Lo regañé por estar malgastando el dinero en ése aparato del diablo y se hizo a un lado apenado. Noté que en el tablero indicador todavía tenía un turno disponible, pues Nachito había echado varias monedas a la máquina y aún tenía una oportunidad.

-Déjeme hacer este intento a mí, Nachito, usted ya tuvo su oportunidad.

Tomé la palanca de control y dirigí la pinza mecánica hacia uno de los muñecos. La pinza lo tomó y lo dirigió hacia el receptáculo de salida, Nachito y yo estábamos brincando del gusto y abrazándonos de la emoción, cuando súbitamente y antes de llegar a la meta, el muñeco cayó sin llegar al orificio de salida.

-¡Maldita máquina no me jodas! No puedo creer que esto pase siempre. Nachito por favor, vaya usted a cambiar este billete por monedas, ¡rápido! Esta máquina truculenta no nos podrá ganar.

Nachito fue corriendo y luego regresó con una bolsa llena de monedas. Así empezamos a jugar y a depositar una a una las monedas, parecía que estábamos cerca pero siempre existía un obstáculo entre los monos y el agujero de salida que nos impedía sacar ésos muñecos de allí. Una moneda, dos monedas, cerca pero nada, ya casi, un poco más, vuelve a echar otra moneda y otra... y así se fueron consumiendo las monedas hasta que volteé a ver a Nachito y... la bolsa vacía.

-¡Me lleva el carajo, con una chingada! Ésta máquina infernal se volvió a salir con la suya -dije con coraje y haciendo aspavientos. Nachito le dio una patada al aparato y yo volví hacia atrás tratando de apaciguar mi coraje.

Luego de un pequeño berrinche, fijé la mirada a lo lejos y observé a una persona conocida, ¡era mi novia Dalia! Parece ser que ante mi sorpresiva ausencia, ella decidió venir a la venta nocturna, así que ahora yo tenía una muy buena razón para salir de allí con más apuración. "Vamos Nachito, tomemos ésta máquina y llevémosla al estacionamiento, allá tengo mi camioneta.", urgí a mi compañero y tras montar la máquina en una carretilla, le colocamos una gran manta negra para que de lejos no se notara y disimulara su tamaño en la obscuridad.

Llevamos rodando el armatoste por todo el pasillo, pero al revisar si la primer salida estaba sola notamos la presencia de un vigilante tomando café. Tuvimos que dar la vuelta y buscar salida por el pasillo contrario. Éste desembocaba en el lado del estacionamiento donde Dalia había dejado su auto, pero como yo mismo la ví entrar a la tienda, supuse que el camino estaba seguro. Ya luego constatamos que tampoco había policías.
Como sabía que Nachito caería fácilmente en la tentación de jugar con el Caza Muñecos, lo mandé a traer la camioneta. Mientras tanto, yo me quedé a cuidar la máquina que colocamos detrás de una gran jardinera. Pasaron los minutos y mi secuaz no llegaba con el transporte, mientras yo veía con ansiedad el gran bulto de la máquina cubierta con la tela negra y pensaba: "Resiste, resiste, la tentación es grande pero no importa, tu eres más fuerte que ésa máquina. No dejes que sus muñecos te seduzcan".
Repetí varias veces la palabra "Resiste" tal como si de un mantra se tratara, y mientras apaciguaba mis ansias por querer jugar con aquel perverso aparato, una voz detrás mío me sorprendió.

-Fontana, ¿qué haces aquí? Pensé que estarías en lo de Nachito.

-¡Dalia! ¡Eres tú!

Los cálculos nunca me salen bien y esta noche no tenía por qué ser la excepción. Dalia regresó a su auto para tomar su teléfono celular olvidado allí, sorprendiéndome en semejante estado moral y preguntándome acerca de mi inverosímil presencia en aquel centro comercial.

-Ah pues... Dalia es que... mira, te voy a decir la verdad...

-Soy toda oídos.

-Mira, lo que pasa es que... jeje este muchacho Nachito, pobre chico... no pudo pagar el traslado del cadáver de su abuelita y pues, ya sabes. Yo me ofrecí a llevar el féretro.

-¿En una carretilla de reparto? ¿A estas horas? ¿Trasladándola en medio del estacionamiento de un centro comercial?

-Pues si... jeje... es que... ya sabes, Lino Fontana es único.

-Eres increíble mi amorcito. Qué hombre tan tierno, ayudando a su amiguito a transportar el féretro de su abuelita en una carretilla de reparto. No pude haber conocido hombre más dulce. ¿No te gustaría que te ayudara de alguna manera?

-No, mi hermosa, no. Yo debo hacerlo, fue mi promesa con Nachito... aunque si tuvieras algunas monedas de $5, me ayudarías bastante... no, las de $2 no me sirven, más bien puras de $5...

-Ten mi amor, aquí tienes varias monedas, para que ayudes a tu gran amigo... ¡¿Nachito?!

Al mirar hacia atrás me percaté de que por fin venía mi lento compinche conduciendo mi camioneta. Dalia no salía de su asombro y ahora yo no sabía qué hacer. Me puse a pensar en un movimiento cuidadoso, pues me sentía sobre arenas movedizas.
Nachito bajó del vehículo y con una gran sonrisa la saludó, mientras ella nos veía desconcertada. Yo tuve que interceder para explicarle rápidamente que le había prestado mi camioneta a Nachito para que hiciera algunas diligencias, y que era una fortuna encontrarlo ahí y en ese preciso momento. Esta nueva mentira me hizo ganar un poco de tiempo, pero complicó aún más las cosas, debido a que Nachito no parecía entender la situación en la que me encontraba y Dalia ya no estaba tan segura de creerme.

-Nachito, se ve usted muy repuesto, parece que todo lo que está pasando aquí no le afecta para nada -comentó Dalia extrañada por la fresca lozanía de mi cómplice.

-No Dalia, yo soy de sangre fría, de hecho en cuanto lleguemos a la casa de Fontana, tomaremos ésa cosa y la destrozaremos para sacarle todo lo que tiene adentro -sonrío mi secuaz, mientras yo era presa de los nervios.

-¿Cómo dice usted Nachito? -refutó Dalia con bastante desagrado- ¿Qué no le da verguenza expresarse así de una situación como ésta? Y tú Fontana, ¿cómo es que participas en semejante mostruosidad?

-Pues es que siempre fue nuestro sueño -aclaró Nachito con desconcierto-, Fontana y yo la odiábamos, desde siempre quisimos hacerla pedazos y sacarle todo lo de adentro. Siempre quisimos tocar todas ésas cositas peludas que tenía en su interior.

-¡Ay Dios mío Nachito, qué asco! ¡Yo no quería saber tanto de su abuela! -gritó Dalia con mucho desasosiego y repudio, yo no sabía qué decir sin meter la pata. La situación se me salió de las manos.

-¿Pero cuál abuela? ¿De qué estás hablando Dalia? -preguntó mi desorientado cómplice.

-Pues de ésta mujer que tienen ustedes en éste féretro -y al decir esto, Dalia jaló la gran manta negra que cubría aquel aparato, dejando al descubierto el Caza Muñecos. Yo me tapé los ojos y lleno de verguenza me di la vuelta, ahora sabía que todo esto terminaría muy mal.

-¿Qué significa esto? -gritó Dalia sorprendida.

-Bellísima, déjame te explico... -supliqué yo con preocupación y mucho rubor en la cara.

-Pero si está muy obvio -reviró Nachito con un tono extenuado-, significa que nos estamos robando la máquina Caza Muñecos. Le llamé a Fontana y vino para que lo hiciéramos.

-Gracias Nachito. Usted siempre tan preciso en los momentos más inadecuados -le dije con pesar, pues inmediatamente Dalia comenzó a regañarme e inculparme por todas las mentirillas que anteriormente le dije.

No les voy a contar todas las cosas que me gritó, porque necesitaría todo un post completo, pero si puedo decirles que hasta lloró y yo me sentí muy mal. Tuve qué hacer miles de cosas para que me perdonara. Ya nunca me quedaron ganas de acercarme a un Caza Monos. Ahora tengo una razón más para odiarlos.

Pero no se preocupen, Dalia me perdonó. Aunque tuve que hacer cosas durante todo un mes para que su enojo se disipara y lo olvidara.

Creo que esta vez, si me sobrepasé.

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jueves, 24 de abril de 2008
Esta colorida aventura de LINO FONTANA es traída hasta ustedes por Pedro J. Hernández, como a eso de las 21:49... bueno, más o menos a ésa hora.
EN EL CAPÍTULO ANTERIOR...

-Ésos malditos Emos van a pagar caro haberse robado mi comida. ¡Nadie le roba nada al ladrón Lino Fontana, nadie! -exclamé lleno de molestia, pero con una maquiavélica sonrisa. Así comencé a elucubrar mi plan de venganza.

Y AHORA: ¡LA VENDETTA!

Hey, don't write yourself off yet,
It's only in your head you feel left out
or looked down on.

Just try your best,
try everything you can.
And don't you worry what they tell themselves
when you're away.


-Karina, ¡quita ésa horrible canción que ya me tiene harto!

-No la voy a quitar Fontana, ¡me encanta! Se llama The Middle y la toca Jimmy Eat World, deberías escucharla te encantará… ¡Hey! ¿Qué hiciste?

-Desconecté tus bocinas, llevas dos semanas escuchando ésa canción todos los días, ¡ya me tienes cansado!

-Bah, la voy a escuchar en mis audífonos. Y ya me voy porque tengo que reunirme con mis amigos para la fiesta.

-Pero dijiste que era en la noche…

-Bueno ¿Y? Quiero reunirme con ellos desde antes para conversar un poco. Cuando estemos en la fiesta va a ser muy difícil, va a ver una banda de rock tocando y no podremos escuchar otra cosa que no sea la música. ¡Será genial Fontana! Si no fueras tan dinosaurio te invitaría.

-Sí está bien, como sea… no llegues noche Karina. Que la pases bien.

-Merci beaucoup.

-¿Quién te enseñó a decir eso?

-Un pajarito que viene a mi ventana todas las mañanas jajaja, nos vemos hermanito.

Despedí a Karina y corriendo fui por mi pequeña valija de artefactos criminales. Me sorprendió que saliera desde temprano a su convivio, pero por fortuna tenía ya todo preparado desde el día anterior, así que después de tomar mi aditamento y disfrazarme con gafas, una gabardina y una peluca, salí a la calle para perseguirla furtivamente.
De esta manera comenzaba a poner en marcha mi plan para vengarme de sus amiguitos Emos que se robaron mi comida. Sentía un gusto maquiavélico, dando por cierto el dicho de que la dulzura del paladar es el resultado de una venganza bien orquestada.

Sus amigos no vivían muy lejos, pues todos eran compañeros de escuela y tenían domicilios por los alrededores, sin embargo me desconcertó la ruta que estaba haciendo. Caminó por varias cuadras en dirección opuesta a donde me contó que sería la fiesta, por lo que supuse que primero se vería con sus amigos en otro lugar. Ella daba alegres pasos y con sus audífonos en los oídos casi brincaba por el gusto que le daba pasear en aquel atardecer, escuchando su música y dirigiéndose al encuentro de sus amigos. Yo la seguía cuidadosamente.

It just takes some time,
little girl you're in the middle of the ride.

Everything (everything)
will be just fine,
Everything (everything)
will be alright (alright).


Ya me había cansado casi al punto de retirarme del plan, sin embargo llegamos a la Explanada del Kiosco, donde finalmente detuvo su marcha para esperar a alguien. Yo me escondí detrás de un árbol y me dediqué a observarla.
En el lugar había mucha gente y varios grupos de adolescentes. Muchos con los pelos parados, particularmente los “punks”. Según me quiso explicar mi hermana, ella y sus amigos no eran “punks” sino “emos”, aunque yo la verdad los miraba casi exactamente iguales. Claro, con la pequeña diferencia de que la ropa de los punketos estaba muy gastada, y la de los emos era nuevecita.

“¡Hey master! Saca un varo pa’l chisguete, ¿no?”, uno de ésos punketos mugrosos se acercó detrás mío y me abordó con estas palabras. Yo me desconcerté con su extraño dialecto pero luego comprendí que me estaba pidiendo dinero para comprar cerveza. Entonces le dije que no le daría ni una moneda y que no me molestara. “Ponte a trabajar, punketo boludo”, respondí molesto, a lo que luego mi patético interlocutor objetó diciendo: “Ah qué culero cabrón. No te haces nada con sacar un billete pa’ comprar bebida pa’l calor ”, volvió a insistir el sujeto, que evidentemente se molestó pues se trataba de un auténtico flojo que vivía de pedir dinero para su vida pendenciera.

“Punketos desquehacerados”, pensé mientras trataba de volver la mirada hacia mi hermana, la cual sin embargo ya no estaba en el mismo lugar sino algunos metros más adelante, agarrada de manos de un pebete que tenía un mechón de cabello sobre el ojo. ¡Se había hecho otro novio en menos de una semana!

Afiné la mirada y reconocí al muchachillo, se trataba de uno de sus amiguitos que fueron el otro día a mi casa, el mismo chico que al despedirse de ella le hizo mención burlesca de mi apodo de “dinosaurio”.
“¡Esa muchacha es un torbellino! Apenas terminó con Robbie y ya anda con otro chamaco… ¡No pierde el tiempo!”, me sorprendí mucho, aunque después me relajé debido a que se trataba de una adolescente impulsiva. “Seguramente éste es otro de sus caprichos”, reflexioné despreocupado. Enseguida, los dos adolescentes comenzaron a caminar agarrados de la mano y yo les seguí los pasos.

Hey, you know they're all the same.
You know you're doing better on your own,
so don't buy in.

Live right now.
Yeah, just be yourself.
It doesn't matter if it's good enough
for someone else.


Por fin se detuvieron para entrar en una heladería y tomaron una mesa. Yo me instalé cerca de ellos pero lo hice en la barra, de tal manera que guardaba una distancia muy precisa tanto para escuchar como para no ser visto. Siendo un factor de mucha ayuda el hecho de poder colocarme de espaldas, evitando toda posibilidad de que me reconocieran oculto en mi disfraz con peluca.

Ellos pidieron sus helados y yo hice lo mismo para camuflarme totalmente, aunque por otra parte sí tenía algo de sed, pues con el calor y la gabardina casi me deshidrataba.

-Estoy muy contenta Jimmy, estuve esperando este concierto para verte en el escenario. ¿No te hace daño comer helado antes de cantar?

-Claro que no Kary, de hecho no canto pues los cantantes de rock no cantamos, sino gritamos. Con tanto tamborazo y la banda tocando detrás de mí, más bien casi todo el tiempo grito las canciones. El Helado le hace bien a mis cuerdas vocales.

-Según yo creía era al revés… pero en fin, eres un rockero, y los rockeros cometen excesos jajaja

-Sí jajaja

“Lo que me faltaba, ahora me voy a tener que tragar una charla boba de adolescentes… la venganza no es tan dulce”, incliné la cabeza y comencé a comer la nieve, después de todo, parecía ser que mi vendetta tendría sus incomodidades.

-Kary, ¿cómo haces para tener el pelo tan suavecito y largo?

-Pues nada, champú y me lo dejo crecer…

“Esto se está poniendo cada vez más estúpido”, moví la cabeza en señal de desagrado, estaba comenzando a perder la paciencia.

-Sabes Jimmy, al principio pensé que a tí te gustaba el brit pop, porque parecías un clasemediero estirado, pero ahora veo que sí te gusta el rock, tú eres de los míos.

-¡Qué curioso Kary! Yo también pensaba que tú eras una nerd aburrida, porque decías que tu hermano siempre te estaba dando consejos torpes, pero cuando supe que te burlabas de él diciéndole dinosaurio, me caíste bien. El universo estaba conspirando para que tú y yo fuéramos novios.

“Y el universo debe estar conspirando para que yo me vuelva un imbécil”, sostuve mi cabeza con la mano, apoyando el codo en la barra. Me sentía agobiado por tanta cursilería.

-¿Qué color te gusta más, Jimmy?

-El negro, Kary. Me encantan las camisas de los Misfits.

-¡También el negro es mi color favorito y también me encantan las camisas de los Misfits! Lo ves, ¡tenemos muchas cosas en común!

“Por el amor de Dios, se suponía que yo sería el victimario ¡no la víctima! Libérenme de éste sufrimiento”, sacudí la cabeza intentando escapar de tanta ridiculez que estaba presenciando: “¿Qué los adolescentes pubertos de hoy no saben platicar de cosas inteligentes?”, me inquirí con pesar.

-Si tenemos en cuenta que el desarrollo mundial, el crecimiento demográfico y el consumo energético basado en los combustibles fósiles, siguen aumentando al ritmo actual, antes del año 2050 las concentraciones de dióxido de carbono se habrán duplicado con respecto a las que había antes de la Revolución Industrial.

“¿Qué?”, volví levemente la cabeza ante tanta clarividencia.

-¿Qué significa eso que acabas de leer Kary?

-No sé, es algo que dice aquí en este folleto que habla del calentamiento global. Me lo dio un hippie.

-Me caen bien los hippies.

-¿Te hubiera gustado ser hippie en otra vida, Jimmy?

“No puedo soportar esto, ya es suficiente martirio ¡son un par de tontos! ¡Si los sigo escuchando me voy a volver Emo!”, estaba a punto de pararme a interrumpir semejante intercambio de simplezas, cuando en eso un tercer adolescente los abordó y los apresuró a terminar para irse. Aparentemente se trataba de uno de sus amigos y con el cual planearon encontrarse allí. Terminaron rápidamente sus helados, pagaron y se fueron, yo evidentemente hice lo propio y los seguí hacia donde darían la tan esperada fiesta. El escenario de mi venganza.

It just takes some time,
little girl you're in the middle of the ride.

Everything (everything)
will be just fine,
everything (everything)
will be alright (alright).


Igualmente tuvimos que caminar toda la distancia necesaria para llegar hasta el lugar, la distancia no era poca, pero tampoco demasiada. No como para que unos adolescentes entusiastas y un ladrón que todavía no llega a los 30 no pudieran caminarla.
Llegamos y la tarde había avanzado con el sol comenzando a ocultarse. Era una casa grande en donde varios chicos ya se encontraban instalando los instrumentos y otros más platicaban y socializaban.

Yo tuve que cambiar mi atuendo, pues debajo de mi gabardina estaba disfrazado de Emo. Obviamente sabía que entre tanto niñuelo no debía mostrar mi treintañero rostro, por lo que en mi pequeña valija llevaba una Máscara de Hockey, pues seguro estaba que a ésos jovencitos les encantaría y me lo tomarían como parte del espectáculo. Mientras que para los atareados músicos yo sería sólo uno de los excéntricos invitados a la fiesta. Nadie dudaría de mí.

Obviamente no entré a la casa en el momento en que llegamos. Esperé a que anocheciera y el lugar se llenara de gente, luego aproveché la llegada de varios grupos de chicos y me filtre entre ellos. Nadie supo con quién venía yo ni les interesó.
Al principio dudé acerca de si alguien sospecharía de mi atuendo, pero a los dos tipos que venían adelante mío con todo el cabello sobre la cara, y al tipo que venía detrás de mí con el rostro totalmente maquillado de blanco y unas falsas lágrimas pintadas de negro, no les importó ni les incomodó en absoluto mi presencia.

Adentro ya había un revoloteadero de chicuelos y todos se reían, cantaban y hacían ademanes. Pensé que mi estatura me delataría, pero había adolescentes de todos los tamaños y algunos ya no tan adolescentes. Me adentré en la fiesta y hasta me dí el lujo de tomar una cerveza. La música tenía buen rato de haber comenzado y todo mundo se encontraba en el agasajo del convivio. Luego el cantante de la banda, Jimmy el novio de Karina, invitó a todos a brincar con emoción.

-¿Qué tal va la reventada chavos? A ver si con esto se ponen a brincar y saltar, es una rola de Jimmy Eat World, se llama “The Middle”, les va a gustar ¡El que no brinque es un dinosaurio!

Hey, don't write yourself off yet.
It's only in your head you feel left out
or looked down on.

Just do your best, do everything you can.
And don't you worry what the bitter hearts are gonna say.


Todos empezaron a dar saltos y yo hice lo propio. Se trataba de la misma canción que Karina llevaba escuchando dos semanas, por lo que no me fue difícil saber dónde tenía que brincar y dónde cantar. Los chicos se volvieron locos festejando y luego, al final, se escuchó de nuevo la voz de Jimmy en el micrófono.

-¡Gracias! Volveremos en unos minutos después de tomar una cerveza. ¡No se preocupen que la música va a continuar en unos momentos!

Tal como lo dijo, la banda se retiró unos momentos a tomar un breve descanso. Me pareció sobresaliente que tuvieran tanto gusto por la bebida siendo menores de edad, pero me alegró el hecho de que estaban perdiendo el equilibrio, lo cual haría más fácil mi huida.
Con el escenario ignorado y todo mundo hipnotizado por un par de chicas que bailaban arriba de una mesa, me deslicé en medio de las sombras y tomé uno a uno los instrumentos, primero la guitarra, luego el bajo, y al final las baquetas de la batería (no me iba a poder robar la batería completa, ¿están de acuerdo?).

Ya con los instrumentos en mi poder, pretendía retirarme pero no lo pude resistir. Soy un pretencioso perfeccionista, así que volví por la batería completa, era la única manera en que todos podrían decir: "se robó la música". Así que entré de nuevo en la casa y tomé el tambor principal, pero al levantarlo se cayeron los platillos al piso y varias cosas más, por lo que tanto alboroto hizo que todos voltearan al instante.

-¡El sujeto de la máscara se está robando los instrumentos! –gritó una de las niñas.

“Que no sea mi hermano, que no sea mi hermano…”, susurró Karina mientras se tapaba la cara, luego toda la congregación se me quedó viendo y el lugar se llenó de un silencio de varios segundos, hasta que alguien gritó: “¡Chínguenselo!”
De inmediato todo mundo agarró lo primero que encontró a la mano y comenzaron a arrojármelo, desde floreros, botellas de cerveza, churritos, cacahuates, etc. Lo único que pude hacer fue esconderme detrás del tambor, que irremediablemente fue golpeado por todos esos objetos recreando una especie de extraño ritmo involuntario.

-¡Mi tambor! –gritó con desasosiego uno de los amigos de Jimmy.

“Que no sea mi hermano, que no sea mi… ¡aaah!, a quién engaño…”, dijo Karina meneando negativamente la cabeza. Mientras tanto, el tambor poca resistencia podía ofrecer frente a la cada vez más intensa lluvia de proyectiles, cuando justamente alguien irrumpió en la escena gritando.

-¡Pero qué es toda ésta destrucción! ¡Deténganse antes de que derriben mi casa! ¿Quién es el responsable de todo esto?

Estos gritos venían de la boca de una mujer adulta, quizá de unos 50 años. La cual, con actitud decidida, hizo callar a todos entrando a la casa y provocando que a su paso los adolescentes le abrieran camino asustados.

-¿Dónde está mi hijo? Les presté mi casa para que hicieran una fiesta y miren el desastre que están haciendo, ahora quiero saber ¿Quién es el sinvergüenza que provocó toda esta destrucción?

Los adolescentes se quedaron en silencio, se miraron lentamente y luego todos voltearon en un solo acto para señalarme a mí con la punta de sus dedos. Yo asomé la cabeza por encima del tambor y sólo pude decir: “Mucho gusto, un placer conocerle”.

El resto de la noche no fue de lo más grato, aunque realmente pudo haber sido peor. Debido a que los vecinos ya se habían quejado con la policía acerca de la ruidosa fiesta y éstos se encontraban cerca, no tuve más remedio que ceder en mi declaración de los hechos nombrándome como culpable. Era la palabra de más de 100 testigos contra la mía. Como yo era el único mayor de edad en aquella caterva, y como la Señora dueña de la casa sólo buscaba algún culpable qué castigar, todos los cargos de invasión de propiedad ajena, destrucción y robo cayeron sobre mí. Por fortuna mi hermana estuvo cerca y pudo traerme dinero para pagar la fianza, aunque no pude evitar el desagrado de estar un par de días en la cárcel.

Ni modo, tal vez no fue la mejor manera de implementar mi venganza, pero por lo menos eché a perder su fiesta con un mínimo de consecuencias (tomando en cuenta mi vida criminal). De los males, el menor.

It just takes some time,
little girl you're in the middle of the ride.

Everything (everything)
will be just fine,
everything (everything)
will be alright (alright).


Post Data: no todo fue una pérdida de tiempo y aquí abajo les muestro un video que grabé clandestinamente durante la fiesta, donde se ve el tipo de vida que llevan estos Emos malignos. ¡Que lo disfruten!

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miércoles, 16 de abril de 2008
Esta colorida aventura de LINO FONTANA es traída hasta ustedes por Pedro J. Hernández, como a eso de las 20:20... bueno, más o menos a ésa hora.
Una nueva época llegaba al calendario y era mi tiempo de iniciar nuevas dinámicas y nuevas aventuras. Puse mi creatividad a trabajar y comencé a elucubrar algo nuevo, un nuevo robo, de tal manera que me encerré una temporada en mi casa y rodeado de música, libros y revistas, invoqué la presencia de las musas para que me trajeran la inspiración que necesitaría y así diseñar un nuevo y magistral golpe criminal… por desgracia, soy demasiado disperso y pretencioso, así que después del primer día dando vueltas en círculos y experimentar un ocio rocambolesco, me encontraba con la terrible situación de no tener ningún objetivo entre manos y seguir en el mismo lugar en donde inicié: Sin planes.

“Qué desperdicio de tiempo… bueno, es el primer día, tal vez mañana se me ocurra algo”, pensé para consolarme. Suspiré un poco, tratando de concentrarme en la agenda para el día de mañana, pero no podía pensar ni siquiera en eso. Soy tan disperso, que me asaltó la idea de cómo se vería el cielo si en vez de ser azul, lo miráramos verde. La concentración siempre me ha fallado.

De un momento a otro, la puerta se abrió y mi hermana adolescente Karina entró a la casa. Como siempre, llegando de un día más en la escuela.

-¿Qué hay, bigotón? ¿Cómo va el superplan? –preguntó más por cortesía que por interés. Agregando a sus preguntas unas gotitas de sorna, tal como es característico en ella.

-Ahí va, ya casi… ¿Quién te dio esa camiseta? No la traías en la mañana, ¿verdad? –le pregunté extrañado.

-¿Mi camiseta de los Misfits? No, una amiga mía me la regaló hoy. ¿Está muy chirindonga, verdad? Me encanta ¡Mi camisa RULES!

-Mmmmh… no sé Karina, está muy ajustada. Además, a ti no te gustan los Misfits, ¿por qué vistes una camiseta de los Misfits?

-¿Y qué? A ti tampoco te gustan.

-Pues no, pero por eso no traigo una.

-Porque no quieres y eres bien aburrido, en cambio yo soy el Duende de la Alegría.

-No señorita, y además no me gusta la ropa tan ajustada. Las generaciones de hoy malinterpretan los símbolos del pasado y los atrofian –le dije con indignación.

-¡Cálmate anciano! ¿Ya se te olvidó que en 1994 tú usabas unas horribles camisas de franela y te querías dejar crecer el pelo pero mamá no te dejaba? –respondió ella con molestia pero igualmente con burla.

-Sí pero nosotros teníamos ideología, y éramos Grunge: Luchábamos por la Nación Alternativa.

-¡Luchaban por usar unas aburridas camisas de cuadritos y traer el pelo largo sin bañarse! Tú y la generación de dinosaurios vestidos con camisas de franela son lo mismo, ¡un fraude geriátrico! Bola de envidiosos.

-¡Haz lo que quieras pues!

-¡Siempre lo he hecho…! y ya me voy arriba porque tengo mucha tarea.

-¡Bah! Adolescentes… -susurré a poco.

-¡Bah! Dinosaurios…

-¡Te escuche, Karina!

-¡Me vale! ¡Dinosaurio!

Después de constatar con mi hermanita que el relevo generacional tiene sus fricciones, dejé mis actividades y me puse a descansar.

Al día siguiente volví a mis elucubraciones pero no encontraba ésa idea magistral que estaba buscando. Tenía el cuaderno lleno de anotaciones pero ninguna de relevancia; quizás estaba cayendo en un lapso de bloqueo, de ésos que provocan que los artistas y los ladrones no avancen en conseguir ideas que valgan la pena. Triste pero cierto.
Tomé una película y la metí al reproductor de DVD, esperando que así me llegara la epifanía criminal que estaba buscando. Mientras iniciaba, mi hermana bajó por las escaleras pues ya era hora de irse a la escuela.

-¿Estas viendo Eraserhead? Qué buena película, luego me la prestas.

-Karina, ¿desde cuando te gusta Eraserhead? ...Si cada vez que te muestro una película en blanco y negro te duermes.

-Sí, pero ahora la quiero ver ¿no puedo? ¿Ya vas a empezar otra vez con tus traumas de dinosaurio? Saca tus camisas de franela con cuadritos y a la mera así te alivianas, para que vivas de los recuerdos, ¡Como los viejos! jajaja.

-¡Cállate, cállate y vete!

-Jajaja

Las bromas de mi hermana no me echaron a perder la tarde. Después de ver Eraserhead me puse a revisar unos mapas y leer unas cuantas revistas, sin embargo, ninguna idea valiosa me llegó. Todos mis intentos por hacerme de inspiración eran infructuosos aún cuando estuve llenando una lista de “conceptos a desarrollar”.

Otro día perdido y sin llegar a nada. Otra vez dando vueltas en círculo. “Ya sé, saldré a caminar y quizás un poco de viento me traiga nuevas perspectivas”. Salí y tomé un largo paseo por tantas calles como mis pies pudieron. Nada se me ocurrió, pero sí me despejé de tanta presión y descansé de mis ruletas mentales, al grado que a pesar de no conseguir ideas, tenía un humor muy optimista acerca de mi próximo desempeño delictivo.

Al llegar a casa, observé la luz de la sala encendida, y un montón de cabezas en plena convivencia, supuse que mi hermana había traído amigos y me acomodé el cabello para no verme tan despeinado por el viento.
Entré y supuse que no tendría mucho caso sentarme a socializar, todos eran adolescentes y se vestían iguales: un fleco sobre la frente, todos flacuchos, con ropa muy pegada al cuerpo y en cuyos colores predominaban el negro. “Esa Karina y sus amiguitos Emos”, susurré mientras fruncía la nariz y todo el gesto, luego los saludé y después del intercambio me dirigí a la cocina. Allí, con los cabellos sobre la cara y llorando, se encontraba mi hermanita con los ojos chorreados de su sombra negra. Junto a ella estaba una chica que era su amiga.

-¿Y ahora, qué? –pregunté desorientado.

-Hola, señor Fontana –me saludó su amiguita -. Karina está triste porque terminó con su novio Robbie…

-¡No! No tenías por qué contarle eso a mi hermano… bueno ya, no importa –le reprendió Karina, mientras se limpiaba los ojos.

-Vamos Karina, ése chiquillo no te convenía, yo siempre lo supe –me encargué de recordarle a mi hermana. Ella sólo sonrió con un poco de pesar y asintió con la cabeza, mientras sus ojos se humedecían queriendo llorar nuevamente.

-Ya sé, es que… estoy deprimida. Ya no quiero vivir...

-Aaah ¡Vamos Karina! No seas tan tonta, no puedo creer lo que dices -la regañé decepcionado por su manera de pensar.

-Ya Fontana, déjame, tú no sabes de mi dolor…

-Como quieras Karina, voy a subir a mi cuarto, no tengo tiempo para estos traumas tuyos –dije con un poco de fastidio; la amiga de Karina sólo nos miraba desconcertada. Luego mi hermana hizo un movimiento con su mano pidiéndome que me fuera, lo que yo concedí de inmediato.

“¡Bah! Como si perdiera mucho dejando ir a ése pebete…”, refunfuñé mientras subía a mi habitación. En el camino de las escaleras, observé a los compañeritos de Karina platicando en la sala. “Se visten como rebeldes pero apuesto a que sus madres les lavan la ropa", volví a susurrar fastidiado.

Ya estaba en mi habitación y comencé a retomar el papeleo y a querer elucubrar nuevas ideas. Pero luego de un rato en el que volví a dar vueltas mentales sin llegar a nada, me puse a aventar bolitas de papel al bote de la basura. No estaba logrando ni una idea y nuevamente malgasté varios minutos, hasta que escuché unas vocecitas en la calle.
Asomé por entre las cortinas y miré que mi hermana y sus amiguillos se despedían: “Ojalá que tu hermano el dinosaurio no se enoje porque venimos.”, exclamó uno de ellos, mientras yo pensaba: “¿Pero qué demonios? ¡Karina les dijo!”. En fin, ya todo lo peor había pasado, y aquello sólo me pareció el inocuo colmo de las cosas.

“Ahora podré bajar a cenar, aunque tendré que aguantar los chillidos de Karina”, medité mientras bajaba las escaleras. Al llegar a la planta baja y caminar hacia la cocina, miré de espaldas a mi hermana, sentada en el sillón de la sala y viendo la película de Eraserhead, por lo que supuse que estaría triste y acompañando su dolor mirando aquel filme. Me dio un poco de pesar saber que tal vez necesitaba de mis palabras de aliento, pero en vista de que mi hambre era voraz, acudí al refrigerador para tomar una pequeña cena antes de consolarla.

“¡Malditos Emos sarnosos: mi comida se la llevaron!”, me molesté por su confianza abusiva, pues habían tomado toda la comida de mi nevera. Estuve apretando la mandíbula y luego maldiciendo en la cocina, pues ésos malandrines caprichosos se tomaron mi alimento como si se tratara de su propia casa. Tomé mi saco y me apresté a salir a la calle a comprar algo de cenar, no sin antes darle unas palabras de optimismo a mi hermana. Me acerqué detrás de ella y con un tono solemne de voz comencé a hablar.

-Karina yo iba a decirte que…

-¡Fontana, el fin de semana será genial! Los chicos me invitaron a un conciertito de rock en el garage de la casa de mi amiga, ¡Yujuu!

“¿Pero qué demonios le pasa a esta adolescente?”, estaba yo sorprendido por su actitud, pues de inmediato dio un giro y ahora mostraba una faz muy alegre y vivaz.

-¿Qué no se supone que estabas triste por lo de Robbie?

-¡Ay Fontana! Vives en el pasado ¡como los dinosaurios! Todo eso fue hace rato, ahora esto es lo nuevo, es más, estoy tan emocionada que subiré a mi habitación a planear la ropa que me pondré.

-¿Qué? Seguro tu has de estar loca… en fin, yo ya no entiendo. Voy a salir, porque tus amiguitos “Emos” se ro… se llevaron mi comida, así que tendré que buscar algo para la cena.

-¿Ibas a decir se “robaron”? Jajaja Qué irónico momento, al ladrón le roban su cena jajaja –Karina se burlaba con mucha alegría y eso terminó por fastidiarme totalmente el día. Abrí la puerta y salí a la calle contrariado.

No podía creer que esos adolescentes me hubieran robado mi cena y también me hubieran estorbado en mi propia casa para mis meditaciones delictivas. Algún día les haría pagar caro por su afrenta… “¡Hey! Ya lo tengo…”, una inesperada idea llegó a mi mente y me detuve un momento. La venganza me había inspirado y ahora sabía cual sería mi siguiente movimiento delictivo. "Eso es, ¡los haré pagar y les robaré hasta las pulseras!", pensé ponzoñosamente mientras sonreía.

Según lo que me comentó mi hermana, sus amigos Emos darían un concierto en el garage de su amiga y por lo tanto tendrían una gran fiesta, con muchos invitados y mucha gente en aquella gran casona donde me dijo que estarían. ¡Eureka! Entraría yo allí y me robaría sus instrumentos musicales, les echaría a perder la fiesta y me desquitaría de lo que me hicieron. Mi plan era magistralmente perverso y eso me causaba una alegría enorme.

“Jejeje nada mejor que hacer padecer a los adolescentes”, me regodeaba con mi crapulencia vengativa, mientras la luna ya iluminaba toda la calle de regreso a casa.
-¡Me desquitaré y les robaré su música! –susurré apretando los dientes del gusto y corrí para llegar pronto a casa, con mi cena en la mano y saboreando mi próxima venganza…

CONTINUARÁ EN EL SIGUIENTE POST...

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miércoles, 9 de abril de 2008
Esta colorida aventura de LINO FONTANA es traída hasta ustedes por Pedro J. Hernández, como a eso de las 17:16... bueno, más o menos a ésa hora.
Ladrón he sido y ladrón seré toda mi vida, aunque claro, no dejo de ser un mortal como cualquier otro. Sufro, río, lloro, bromeo, corro, brinco, me caigo... He tenido algunos inconvenientes últimamente, por los cuales no he podido tener la frecuencia que quisiera para realizar mis robos. No obstante, tengo muchas ideas y planes, pues les confieso, también quiero remodelar mi casa.

Ya les contaré y les mostraré de todo esto que les tengo preparado. Mientras dejo este pequeño post, que más que una historia, es un saludo para ustedes, mis fieles, estimados e invaluables lectoras y lectores.

Gracias por venir.

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lunes, 31 de marzo de 2008
Esta colorida aventura de LINO FONTANA es traída hasta ustedes por Pedro J. Hernández, como a eso de las 16:48... bueno, más o menos a ésa hora.
EN EL CAPÍTULO ANTERIOR…

-Pues ahora que ya tenemos a la banda reunida de nuevo, no queda más que ponernos a trabajar… ¡Hay que planear un gran robo! –les propuse a los demás, que me miraban entusiasmados y enseguida movieron la cabeza en señal de aprobación.

-¡Manos a la obra! –contestaron todos al unísono.

LOS NADIE III: ¡QUE SE JODAN LAS ESTADÍSTICAS!

Nos reunimos muchísimas veces en la casa de Vlad, por ser el único que vivía totalmente solo, para planear el gran robo que engalanaría nuestro flamante regreso como Banda organizada. Ahí estábamos Ivanna, Romo, el propio Vlad, y su servidor Lino Fontana: los 4 miembros de “La Banda de los Nadie”.
Sin embargo nuestro nombre sólo era momentáneo. Bien sabido es, en el mundillo del crimen, que a una banda de atracadores la prensa es quien bautiza. Y tal honor se gana con un sólido movimiento delictivo.
Por lo tanto, nuestra pretensión estaba puesta en el Banco Metropolitano y su bóveda, rellena de millonarias razones para motivar nuestro atrevimiento.

Fueron 3 semanas de duro trabajo de cálculo, observación, logística y planeación. Entrenamos varias veces, desde cómo sería la entrada y cómo la salida. Sopesamos los riesgos y comparamos otros casos parecidos; aprendimos de errores ajenos y pensamos cualquier detalle, por mínimo que fuera, para evitar cualquier posibilidad de error y actuar en caso de cometerlo.
Los fines de semana no volvíamos a nuestras casas, nos quedábamos a dormir con Vlad y tratamos arduamente de adecuarnos a nuestros gestos mutuos, pensamientos y procesos de comportamiento. Necesitábamos ser “uno”. Un solo equipo, una sola mente, un solo objetivo. Así sería la única manera de intuirnos, de presentirnos, de cohesionarnos. Logrando esto, mucho más difícil vendría una imprecisión o una contingencia desfavorable.

Por fin llegó el día y pusimos en marcha todo lo planeado. De acuerdo a lo establecido, Romo pasó por mí en una camioneta de su propiedad. Hizo la señal con el claxon y salí corriendo con varios artefactos que necesitaríamos para realizar el robo. Subí a su camioneta y emprendimos camino para acudir a casa de Ivanna y recogerla.

-¿Inconvenientes hasta el momento, Fontana?

-Ninguno –contesté a Romo -, bueno iba a limpiar el sótano, llevo dos meses queriendo hacerlo, pero me da flojera. Mi hermana me lo tira en cara siempre… ¿Y tú no tuviste inconvenientes?

-No… o bueno, tal vez sí… tuve un problema con mi ex novia. Llamó para decirme que vaya a recoger el anillo de compromiso. Que no se siente bien quedándoselo y que lo recoja para terminar con todo, y dejar las cuentas limpias. Discutimos y colgué.

-No entiendo Romo, llevaban mucho tiempo, ¿por qué simplemente terminaron?

-No es que simplemente termináramos. Ya teníamos algunos problemas, como les mencioné. Los detalles no se los dije, pero ahora te los confieso: ella siempre quiso que tuviéramos un hijo.

-Y tú no querías…

-Sí quería, Fontana. Lo deseaba mucho, bastante. Pero en el futuro, no ahora. A mí me gusta construir la vida en terreno seguro. No me gusta vivir inventando soluciones a problemas que no tenía contemplados, y que se me van complicando sólo por no planear bien las cosas con premeditación. Yo quería primero comprar nuestra casa, matrimoniarnos, luego comprar un auto, vivir nuestra vida de recién casados un tiempo, vacacionar, y ya después tener un par de hijos. Ella no, ella los quería lo más pronto posible, cree que si llega a los 30 y no procrea, nunca lo hará. Y como ya le falta muy poco para llegar a ésa edad, su desesperación aumentó y dice que si no tenemos un hijo ahora se acabó. Yo me rehusé y así terminó todo.

-Oh, que pena, lo siento.

-Sí, pero no importa Fontana… Igual no fue lo único malo, también estábamos aburridos. Tal vez fue mejor así... Lo único que lamento es no haber logrado lo que siempre creí que ya tendría a los 30: un hogar propio.

El camino se hizo menos largo con la plática y pronto llegamos a casa de Ivanna. Ella salió a nuestro llamado, encargó a su hijo con su amiga vecina y se agregó a nuestro vehículo. Nos saludó cordialmente y luego miró con melancolía el horizonte.

-¿Todo bien? –pregunté ante lo evidente de su gesto.

-Sí… sólo estoy un poco triste, por mi hijo.

-Te da pesar dejarlo solo, verdad –comenté por su tribulación.

-Eso en primera instancia. Así ha sido durante varios años, desde que mi esposo y yo nos divorciamos… Casi toda su vida ha sido así, verme partir para salir a la calle y convertirme en madre y padre a la vez. Siempre haciendo de terceros como si fueran su familia –una pequeña humedad cambió sus ojos y luego se coloró su nariz por el pesar-. Y durante todo este tiempo, el idiota que me dejó para irse con su amante cree que la pura pensión es suficiente para sentirse buen padre. Me da tristeza no estar al pendiente de mi hijo, y más me da tristeza tener que partir de su lado… Yo me pierdo los mejores momentos de su vida, pero no puedo detener la mía, porque resulta peor. Es una triste paradoja.

Ella se enjugó sus lágrimas y limpió su nariz, Romo y yo nos miramos enmudecidos, pero luego Ivanna disgregó la tensión, recuperando la ecuanimidad y preguntándonos detalles del desarrollo del proyecto.

-Excelente, todo marcha de maravilla –contestó Romo –. Bueno sí, yo también tuve un pequeño episodio como el tuyo.

Romo explicó todo de nuevo a Ivanna, quien se sintió menos decaída por no encontrarse sola en las penas. Nos sacudimos toda nuestra melancolía y aceleramos el paso para acudir con el último de nuestros secuaces, el impredecible Vlad.
Al llegar notamos la luz apagada de su departamento, pitamos varias veces pero no salió. Para no causar demasiado alboroto, subimos hasta su puerta y tocamos, pero sin recibir respuesta. El plan estaba peligrando, pues como siempre, nuestro extraño compañero inexplicablemente se ausentó de su casa, aún sabiendo que hoy era el gran día. Intentamos llamar a su celular pero nadie contestó.

-¿Qué hacemos? -preguntó Ivanna.

-Pues no sé… -no empezaba yo a hablar cuando mi celular sonó. Contesté y se trataba de Vlad.

-¿Vlad? ¿Dónde estás idiota? Que no recuerdas que era hoy el… ¿Qué? ¿En serio?... ¿Y, qué haces allá?... Está bien, ¡allá vamos! –colgué extrañando. Todos me preguntaron qué había pasado, y les dije que Vlad me comunicó que se encontraba ya en el banco.

Nos sorprendimos, pues el plan era que en el vehículo de Romo pasaríamos a recoger uno a uno a los miembros de la banda. Habituados como siempre a las rarezas de nuestro compañero, subimos a la camioneta y arrancamos rumbo hacia el banco. Ya la noche había caído.

Ya nos faltaban unas pocas calles para llegar, cuando vimos que el banco se llenaba de policías. Supusimos lo peor y creímos que Vlad había cometido una habitual estupidez.
No eran muchos los uniformados que estaban, pero sí suficientes para pensar que algo había sucedido. Estacionamos la camioneta donde nadie pudiera verla, un par de calles lejos de allí, y asomándonos entre la obscuridad protectora, mirábamos lo que sucedía en la fachada del banco. En ese instante, una voz detrás de nosotros nos espantó.

-¡Está funcionando de manera magnífica, muchachos! –exclamó Vlad asustándonos.

-¿Qué? Pero qué estás haciendo torpe, ¿por qué está la policía en el banco? –refunfuñó Romo ante la incomprensible felicidad de Vlad.

-Muchachos, muchachos, ¡relájense! Fui a la tienda de animales de mi primo. Le trajeron unas ardillas muy graciosas.

-¿Y qué tiene que ver eso con el robo que haríamos hoy? –le inquirí con impaciencia a Vlad.

-Pues que me traje a las ardillas y abrí un pequeño agujero en las ventanas del techo. Entonces deposité las ardillas allí y entraron al pasillo principal del Banco. Los sensores de movimiento las han detectado varias veces, y luego ha venido la policía y descubre que no hay nada, que es una falsa alarma, esta es la tercera vez que vienen hoy.

-¿Y entonces? –renegó Romo.

-Pues entonces creo que en esta ocasión desconectarán los sensores y ya podremos entrar… de hecho, creo que es lo que está sucediendo en este momento jejeje

Nos asomamos furtivamente entre las sombras, desde la suficiente distancia donde nos encontrábamos, y confirmamos la teoría de Vlad. La policía desconectó el sistema de alarmas para no seguir recibiendo falsos llamados durante ésa noche, y constatamos que nuestro amigo no estaba tan loco.

-Eres un idiota con buena suerte –le dijo Romo, sonriendo. Los demás hicimos lo propio y lo felicitamos.

Después que la policía se fue y dejó solo el banco, tomamos nuestros aditamentos y trepamos hasta el techo, donde sería más fácil la entrada y no habría miradas que nos descubriesen. Logramos perpetrar y dentro del establecimiento pusimos en marcha el plan.

Llegamos hasta la bóveda y comenzamos a cavar, pues como se han de imaginar, no teníamos la contraseña de la compuerta. Sin embargo desde aquella mínima distancia fue muy fácil quitar las losas y en medio de la oscuridad cavar para hacer un hoyo y pasar por debajo, sin necesidad de hacer un peligroso túnel que pudiera derrumbarse. Una vez dentro de la bóveda sacamos el dinero y los metales, cuidando de no hacer ruido y lentamente sacamos todo a la camioneta, pues Romo estaba allí, en la calle, monitoreando los movimientos nocturnos y con la radio comunicándose con nosotros. Sacamos todo el botín y rápidamente cargamos en la camioneta, hasta que lo sacamos todo.

Romo encendió el vehículo y nos largamos de allí con rapidez. Al hacerlo, vimos a una mujer en una ventana, que nos observaba detenidamente mientras abrazaba a un gato.

-La mujer que estaba en la ventana nos va a delatar –dijo Ivanna con duda.

-Ni modo, lo hicimos mejor que pudimos, esperemos que sea una vieja idiota y no diga nada –explicó Romo a manera de consuelo.

Conducíamos ya por la Avenida del macro carril, cuando un policía que iba en una moto nos hizo una señal para que nos detuviéramos. Íbamos a pisar el acelerador y huir, pero Ivanna nos dijo que tal vez pudiera tratarse de otra cosa, era mejor no especular y esperar, quizás solo nos haría alguna observación sin importancia: para qué ponernos en evidencia nosotros mismos.

El policía se acercó hasta el costado de Romo, quien venía manejando, y luego se bajó de su moto. Después preguntó por qué no funcionaban las luces direccionales izquierdas. Romo le dijo que se trataba de un descuido, mientras el uniformado tomaba su boleta para hacer el conocido ritual de querer imponernos una multa y esperar a ver si le dábamos un “sobornito”. Como somos unos ladrones que queremos cambiar al país y detestamos la corrupción, nos hicimos los desentendidos, por lo que el policía no tuvo más remedio que comenzar a levantar el folio sin recibir ni un centavo de nuestra parte.

Romo le iba a dar un nombre falso con una credencial que le imprimimos por si esto se presentaba, cuando en la radio del agente vial se escuchó un anuncio que decía: “Camioneta blanca de reciente modelo, placas XGL 5472-A, con cabina, compartimento trasero y puerta corrediza lateral, tiene un reporte de haber sido vehículo de escape de unos ladrones de banco. Por favor a todos nuestros elementos, si la ven, deténganla y arresten a sus ocupantes. Cambio y fuera”.

El policía sonrió y luego prosiguió con el levantamiento del folio, mientras Romo detuvo la búsqueda de la credencial falsa.

-Eeeh… No la traigo, mas bien no la encuentro, oficial… -contestó Romo con rapidez para no mostrarle los datos del vehículo al uniformado.

-Siga buscándola, mientras déjeme ver su placa para seguir llenando el folio…

-No oficial… es que… no tenemos la placa delantera, sólo la trasera jeje… es que nos la robaron, mejor verifique la trasera… -le gritó rápido Romo para hacerlo mover hacia atrás.

El policía arqueo las cejas enfadado y caminó hacia la parte de atrás de la camioneta. Romo encendió con la llave y de inmediato arrancó, pese a los gritos de sorpresa del agente vial, que rápido tomó el radio y comenzó a reportarnos como los asaltantes de los que hablaba el informe de la central de policía.

Estábamos sorprendidos, pues tal parece que la señora del gato nos delató y ahora teníamos un reporte policiaco. Inusitadamente, mientras discutíamos lo que debíamos hacer, unas extrañas luces nos seguían a los lejos. Al concentrar la mirada, observamos lo que después se haría evidente con el sonido de las sirenas: la policía nos estaba siguiendo.

Suspiramos un poco y comenzamos a aminorar la marcha del vehículo, no queríamos detenernos, pero eran dos patrullas las que se acercaban todavía con algo de distancia y cautela.

-No hay que rendirnos –ordenó Ivanna inusitadamente.

-¿Estás loca? Y qué se supone que vamos a hacer, ¿ver si logramos perdernos de 2 patrullas? Estoy seguro que si aceleramos pedirán refuerzos –Romo estaba desesperado y sólo hacía aspavientos con su mano derecha.

-Hay que hacer lo que dice Ivanna, ¡qué tal que funcione! Hay que patearles el culo a ésos azules… Fuck The Police! –gritó Vlad entusiasmado.

-No seas idiota Vlad, son 2 patrullas y no les ganaremos, lo más probable es que sólo terminemos fracasando y siendo el hazmerreír del gremio. Seremos parte de la fea estadística en donde sólo cuentan a los perdedores –dije yo con enfado y pesar.

-No Fontana, piénsenlo muchachos… ¿Ya qué mas importa que terminemos siendo sólo unos perdedores? De todas maneras siempre seremos parte de las frías estadísticas que menciona Fontana. Las mismas que dicen que la mayoría de las personas como Romo llegarán a los 30 sin haber logrado formar una familia y teniendo por eso una gran depresión; las que dicen que gente inadaptada terminará volviéndose contra la sociedad, como el ladrón de Lino; también las que dicen que los jóvenes adultos de la actualidad, son unos adolescentes tardíos que se escabullen de las responsabilidades y viven con la incertidumbre de su futuro, como Vlad… o las que mencionan que un porcentaje muy alto de matrimonios se disolverán generando madres divorciadas, que solas tendrán que cuidar y proveer un hogar… como Yo…

Nos quedamos callados, pues estas palabras de Ivanna nos hicieron mirarnos a los ojos unos a otros. Romo no detuvo la marcha del vehículo, mientras pensaba en lo que ella dijo y miraba por el retrovisor.

-No se qué nombre nos pondrán después de esto -continuó ella-, ni sé cuál será nuestra aportación a la historia del crimen, pero tendrá que ser algo que mencione que nunca nos rendimos. Que seguimos con el acelerador a fondo y sin traicionar nuestro estilo, porque así lo escogimos nosotros y nadie nos lo impuso. Que mencione lo genuinos y auténticos que demostramos ser, debido a que nunca nos sometimos. ¡Que se jodan las estadísticas! ¡Que se joda la policía y si van a arrestarnos, que les cueste!

Unos cuantos segundos después de las palabras de Ivanna, soltamos el aire de nuestra respiración y le mostramos nuestro sentir.

-Si… ¡Que se jodan! –dijo Vlad.

-¡Que se jodan! –dijimos luego Romo y Yo.

Estuvimos de acuerdo y Romo aceleró, la policía se desconcertó y luego intentó dificultosamente de perseguirnos. Ya no recuerdo cuánto tiempo tardaron en alcanzarnos, casi hasta que se nos acabó la gasolina, ni la ardua carrera que les hicimos dar cuando nos bajamos del vehículo y corrimos en todas direcciones. En los diarios salió la noticia de nuestro arresto, pero de quien todo mundo se rió fue de la policía: se necesitaron 7 patrullas y 23 elementos para detener a 4 miembros desarmados de una banda de asaltabancos.

Las burlas contra la policía fueron nuestro premio. Logramos ganarnos el respeto del público y de todos los inconformes que, como nosotros, odiaban la autoridad de aquellos uniformados corruptos, homófobos y atolondrados.

No fuimos los mejores, pero sí los más auténticos.

FIN DE LA SERIE "LOS NADIE"

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